¿Es tonto no invertir en Bitcoin?

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¿Es tonto no invertir en Bitcoin?

El perfil del inversor habitual (depósitos bancarios)  con la fiebre informativa que está despertando el bitcoin, la mayor criptodivisa de todas. Pero no la única: según los datos del portal Coin Market, en el mundo “cotizan” cerca de 900 criptodivisas, que cuentan con una capitalización bursátil de 218.000 millones de dólares (o lo que es lo mismo, más de lo que capitalizan en conjunto Morgan Stanley y Goldman Sachs).

¿Cómo ha conseguido un mercado no regulado alcanzar semejantes cotas? Gran parte de su éxito reside en la crisis financiera de las subprime en Estados Unidos y la posterior crisis de deuda en Europa, cuando los bancos centrales imprimieron billetes para que el sistema (y su red de bancos) no colapsara. Sin embargo, no ha sido hasta este año cuando el bitcoin ha despertado de su letargo.

Su gran diferencia con respecto a las monedas de uso común es que, al formularse como dinero virtual, no pertenece a ningún Estado, por lo que no hay gobierno, institución financiera, empresa o banco central que pueda actuar sobre ella. Además, no es infinita: su límite, fijado de 21 millones de monedas, se alcanzará (teóricamente) en 2030. Y que este límite llegue antes o después obedece simplemente a una ley de oferta y demanda, validada por los propios usuarios de bitcoin a través de intercambios P2P.

La oferta y demanda, se pierde y se gana igual

El hecho de que la oferta esté limitada, unido a una demanda de inversores que se han convertido en auténticos fanáticos del bitcoin — algo que se prevé en aumento, teniendo en cuenta que la Bolsa de Chicago ha anunciado que empezará a ofrecer derivados sobre el bitcoin, en un primer intento por regular a las criptodivisas—, es lo que explica que, sólo este año, el bitcoin haya pasado de cotizar a 900 a los casi 9000 dólares (y sigue subiendo). Y eso supone una rentabilidad bestial del 640%

Imposible tener una mejor campaña comercial, pese a que ciertos banqueros de renombre hayan calificado a todo lo que tiene que ver con bitcoins como “estafa” o “burbuja”. Por ejemplo, Jamie Dimon, de JP Morgan; Ray Dalio, el gestor del mayor hedge fund del mundo; o incluso el mismísimo Jordan Belfort, broker en el que se inspiró la famosa película ‘El lobo de Wall Street’. “Si la gente es estúpida como para comprar bitcoin, lo pagará en el futuro”, ha llegado a afirmar Dimon.

Sin embargo, se puede argumentar que sí estamos ante una burbuja, en el más puro sentido de la palabra. Según la RAE, se define así todo “proceso de fuerte subida en el precio de un activo que genera expectativas de subidas futuras no exentas de riesgo”. Ese riesgo se detecta en la volatilidad que presenta su precio: si bien hay días que sube un 50%, también hay otros que cae el mismo porcentaje, y eso es lo que explica que los expertos suelan recomendar a los inversores particulares que se alejen de este tipo de activo, por muy atractiva que pueda parecer su carta de presentación, o muy glamoroso que pueda quedar decir que uno invierte en bitcoins, según informe de GQ.

“Recomendamos permanecer alejados del bitcoin y del espacio de criptodivisas, que están alimentadas por los medios de comunicación, por la especulación exuberante y por el FOMO (Miedo A Perdérselo, según sus siglas en inglés)”, apuntan en Julius Baer. Advertencias que han hecho suyas también los organismos reguladores europeos, CNMV incluida: se advierte sobre el elevado riesgo de perder el capital invertido en este tipo de operaciones, “al tratarse generalmente de inversiones muy especulativas”. Y una inversión especulativa no casa con el tipo de inversor que predomina en España, con una cartera centrada en depósitos y que, cuando invierte en Bolsa, lo hace en Telefónicas y Santanderes. Salvo, claro está, que a este inversor le guste también ir al casino y, por tanto, asuma que todo lo que puede ganar es lo justo mismo que lo que puede perder.